Texto contexto Por Clara Piazuelo

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=1. Porqué escribimos un manifiesto sobre la interfaz de usuario en el contexto digital=

¿Somos conscientes de todas las interfaces que a diario utilizamos? ¿Sabemos decodificar la ideología que hay tras ellas? ¿De qué manera influyen en la construcción de nuestras identidades? ¿Cómo condicionan nuestras interacciones con los otros? ¿Cómo generan valor económico? ¿Se puede diseñar una interfaz ética? ¿Se puede hacer visible lo invisible?

Cuando decidimos escribir un manifiesto nuestra intención era iniciar una conversación y profundizar en estas cuestiones. En toda buena conversación hay preguntas, respuestas y opiniones discrepantes. Y si es realmente buena, cuando ésta termina es como si acabáramos de volver de un viaje en el que hemos experimentado algo del mundo que antes ni siquiera podíamos imaginar.

El manifiesto ha sido un objetivo, pero también el punto de salida y la brújula que ha guiado esta investigación colectiva a través de las lecturas, talleres y mesas redondas que hemos llevado a cabo en el marco del proyecto PIPES_BCN, que nace en noviembre de 2013 como parte de una investigación más amplia dentro del proyecto europeo Participatory Investigation in Public Engaging Spaces (PIPES).

Desde Barcelona, Hangar, en colaboración con la UOC se decidió construir un marco conceptual multidisciplinar para reflexionar sobre las interfaces, repensando su diseño y modelos de uso, y estimulando la creación de interfaces más abiertas y colaborativa.

Esta investigación bebe de la semiótica, los Science and Technology Studies, Media Studies, Software Studies o el Actor Network Theory. Algunos de los libros de cabecera a la hora de escribir los primeros borradores para el manifiesto fueron “Interface Criticism: Aesthetics Beyond the Buttons” (Christian Ulrik Andersen, Soren Bro Pold), “The Interface effect” (Alexander Galloway) o “Evil Media” (Matthew Fuller, Andrew Goffey).

Al sumergirnos en todas las lecturas y referentes que abordan el tema de las interfaces desde una perspectiva crítica atravesamos una fase en la que la interfaz se convirtió en una herramienta crítica para pensar la realidad.

Pensar en términos de interfaz, implica añadir una capa de complejidad, tratar de decodificar más allá de los significados obvios y agudizar nuestra percepción sobre los límites de todo lo que media en nuestras interacciones. Pero entonces, empezamos a ver las interfaces en todo lo que nos rodeaba. El lenguaje como interfaz, la piel como interfaz, el espacio público como interfaz, los lavabos, un tablero de parchís, un mapa, el espéculo ginecológico.. todo eran interfaces, y claro, cuando todo es una interfaz, el concepto se vuelve tan amplio que se diluye y se vuelve inaprehensible.

La interfaz es, efectivamente, un concepto muy vasto, que traspasa los límites de lo físico y lo virtual, precisamente para evitar el riesgo de que el foco de la investigación se disipara, decidimos acotar, y si bien es posible extrapolar muchos los puntos del manifiesto a todo tipo de interfaces, aquí nos estamos refiriendo a la interfaz de usuario en el contexto digital.

Podíamos haber optado por otro formato menos connotado o haber hecho una simple compilación de textos en torno al tema que nos ocupa, pero precisamente porque la investigación que estamos llevando a cabo pone el acento en el poder político de las interfaces, quisimos dar con la estructura textual más acorde con las ideas que queríamos comunicar.

Elegimos el manifiesto por su carácter reivindicativo. Un manifiesto tiene la voluntad de interpelar a quien lo lee y plantear públicamente un discurso alternativo al dominante, es por lo tanto una herramienta política. Si uno de los mayores problemas de las interfaces contemporáneas es cómo estas tienden a invisibilizar conflictos, un manifiesto es todo lo contrario; desactiva lugares comunes y da a conocer determinados valores que cuestionan el status quo.

Si un manifiesto fuera un objeto sería un megáfono, si fuera una comida probablemente llevaría más picante de la cuenta, y si fuera una persona, sería la que siempre levanta la mano para hacer preguntas incómodas y llevar la contraria.

En este manifiesto hay muchas voces, pero también hay muchos silencios. El ejercicio de síntesis y el consenso necesarios para redactar un texto colectivamente han ido en detrimento de los matices y la complejidad. Por eso el manifiesto ha de leerse como un hipertexto que enlaza con los otros textos que lo acompañan y que tiran del hilo de algunas de las ideas enunciadas en estos 15 puntos.

=2. Algunos manifiestos a tener en cuenta antes de escribir un manifiesto sobre interfaces= La genealogía del manifiesto es difusa y tampoco parece que exista acuerdo acerca de sus características definitorias, se trata de un género tan amplio que en él tienen cabida textos muy dispares que van desde la declaración naval en una aduana de las mercancías que transporta un barco; a un programa político para derrocar al sistema dominante; pasando por toda la tradición artística iniciada por las vanguardias - en la que el Manifiesto futurista (1909) es quizás el ejemplo más paradigmático-.

Algunos de estos manifiestos se vinculan a corrientes utopistas del siglo XX (dadá, situacionismo, punk). Pero si buscamos referentes que traten sobre las relaciones con la tecnología en términos de pensamiento crítico, vemos cómo estos han proliferado en las últimas décadas, en paralelo a la eclosión de las nuevas tecnologías y al desarrollo de la sociedad post-capitalista, marcada por el cinismo, las nuevas formas de trabajo inmaterial y la cultura de redes.

Un manifiesto pionero en introducir el pensamiento crítico en el ámbito del diseño es The First Things First manifesto publicado en el periódico The Guardian 1964, tuvo el apoyo de más de cuatrocientos diseñadores gráficos y artistas. El texto reaccionaba contra la opulencia de la Gran Bretaña de los años sesenta y buscaba radicalizar el diseño, que según los firmantes se había vuelto vago y acrítico. A partir de las ideas de la Teoría crítica y la Escuela de Frankfurt, así como las de la contracultura de la época, afirmaba que el diseño no es un proceso neutral, carente de valor. Atacaba a la cultura consumista que sólo se interesaba por comprar y vender cosas, y reivindicaba la dimensión humanista del diseño gráfico.

Con la emergencia de Internet y las nuevas tecnologías de la comunicación, aparecen varios manifiestos que conciben el ciberespacio como un nuevo lugar mucho más flexible y que por su juventud permitiría la reinvención de ciertas nociones y categorías.

En 1985 Richard Stallman escribe el The GNU Manifesto (1985) para explicar y definir las metas del proyecto GNU, un sistema operativo tipo Unix desarrollado de forma abierta, distribuido libremente y con el compromiso de seguir evolucionando en las mismas condiciones, este documento es considerado la piedra fundacional del movimiento del software libre. En esta misma línea ideológica encontramos el Mozilla Manifesto, un conjunto de 10 principios que articulan una visión de Internet como un recurso público global que debe permanecer abierto y accesible, y que invita a conseguir contribuidores para el proyecto

Un año después del manifiesto de Stallman, The Mentor aka Loyd Blankenship escribe el The Hacker’s Manifesto (1986), también conocido como 'La Conciencia de un Hacker', se trata de un breve ensayo escrito después de la detención del autor, y es considerado uno de los referentes de la cultura hacker, una auténtica guía hacker con un posicionamiento ético para la piratería, defiende el altruismo y que la tecnología debe utilizarse para ampliar nuestros horizontes y tratar de mantener el mundo libre.

Otro de los textos fundacionales de la era de Internet es el New Clues Manifesto, vinculado al tecno-utopismo que se desarrolló en la década de los noventa en la cultura “punto com” de Estados Unidos. Sus 95 tesis acerca del impacto de la red en las empresas, los trabajadores y los consumidores defienden la idea de internet y los mercados como una conversación. Si bien resulta un referente interesante porque se trata de un documento de código abierto, diseñado para ser compartido y reutilizado -el texto está disponible en GitHub y se lleva actualizando durante quince años-, hay que tener en cuenta que adolece de cierta falta de visión crítica con la ideología neoliberal subyacente a la new economy.

Pero sin duda, uno de los textos más visionarios, que reflexiona sobre las relaciones humano-máquina y que avanza muchos de los conflictos contemporáneos que en parte derivan de la invasión de las nuevas tecnologías es el "Manifiesto para cyborgs. Ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX" de Donna Haraway, publicado por primera vez en 1985. Haraway utiliza la metáfora del cyborg que sirve para para definir un mundo postgenérico habitado por seres híbridos en el que desaparecen las fronteras entre lo orgánico y lo mecánico, entre las identidades sexuales, lo material y lo inmaterial. El interfaz tecnológico permite asimismo inventar identidades. Haraway introduce así su ensayo “...el presente trabajo es un canto al placer en la confusión de las fronteras y a la responsabilidad en su construcción. Es también un esfuerzo para contribuir a la cultura y a la teoría feminista socialista de una manera postmoderna, no naturalista, y dentro de la tradición utópica de imaginar un mundo sin géneros,sin génesis y, quizás, sin fin. La encamación del cyborg - situada fuera de la historia de la salvación- no existe en un calendario edípico que trat de poner término a las terribles divisiones genéricas en una utopía simbiótica oral o en un apocalipsis postedípico.”

El texto de Haraway resulta una influencia fundamental para el movimiento ciberfeminista, que retoma algunas de las estrategias de la vanguardia de los años XX como el concepto de utopía y la redacción de manifiestos. Nace así, en 1991 el Manifiesto ciberfeminista para el siglo 21, que establece las posibilidades que las tecnologías de comunicación e información desplegadas a través de internet traían consigo como estrategia para desestabilizar el sistema patriarcal. En la misma línea, en 1997 en el marco de la Primera Internacional Ciberfeminista, se escriben las “100 antítesis”, una suerte de anti-manifiesto que describe todo lo que el ciberfeminismo no es: ni frontera, ni ideología, ni tradición, ni un solo lenguaje.

Por último nos gustaría hacer referencia a dos manifiestos recientes que han resultado especialmente inspiradores por su aproximación crítica al uso de la tecnología. Por un lado, The Critical Engineering Manifesto (2011-2014) es un texto firmado en 2011 por tres artistas interactivos en el que se defiende que cada avance tecnológico es un reto para el alfabetismo tecnopolítico, considera que la Ingeniería configura nuestra manera de movernos, comunicarnos y pensar, y que la función del Ingeniero Crítico es estudiar y explotar ese lenguaje, revelando su influencia.

Y por otro lado, el Manifesto for a Post-Digital Interface Criticism escrito por Pold & Andersen que trata directamente sobre las interfaces digital desde una perspectiva crítica y cuyas tesis resultan una clara influencia para nuestra investigación.

La abundancia de material publicado y en especial, la existencia previa de un manifiesto sobre las interfaces digitales desde una perspectiva crítica, nos lleva a cuestionarnos cuál puede ser nuestra aportación a este debate.

Como decía anteriormente, una de las motivaciones que nos llevó a utilizar el formato del manifiesto es enfatizar el aspecto "ideológico" de la interfaz en un momento en el que esta tiende a desaparecer y a percibirse como un espacio neutro.

Pero el reto que nos hemos propuesto y nuestra contribución a este campo es, no sólo la escritura un manifiesto y una serie de textos que lo completan, si no el desarrollo de un prototipo de interfaz para el propio manifiesto.

Con este objetivo los días 16 y 17 de mayo tuvo lugar en Hangar el Manifiesto Sprint con: J.L Marzo, Tere Badía, Pau Alsina, César Escudero, Jara Rocha, Andreu Belsunces, Quelic Berga, Laia Blascos, Femke Snetling, Rosa LLop y Clara Piazuelo