Interface Pipes - usuario, subjetivación, materialidad - Apuntes Por Pau Alsina

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Interface Pipes - usuario, subjetivación, materialidad - Apuntes- Pau Alsina. Están por todas partes pero a menudo no las vemos, quizás por no tener entrenada la mirada que las descubra en el intersticio de lo que sucede, quizás por su estratégica apuesta por la invisibilidad inocente que todo lo media. Y así nos envuelven construyendo sigilosamente una relación con el mundo, es más, creando mundo mientras nos micro-construyen en cada distraído acto que las contiene. Nos hemos habituado a ellas hasta tal punto que hoy nos parecen de lo más natural y alegremente delegamos en ellas convirtiéndolas en meros intermediarios, sin sospechar que en su mediación haya nada que pueda interferir, enturbiar, influenciar, construir o simplemente desviar el prístino transcurso de las cosas que han de suceder en cadena. Están ahí plantadas tras la máscara de su funcionalidad unívoca mientras muestran de forma cristalina su impúdica verdad. Nos referimos a las interfaces, esos ángeles transmisores que comunican mundos dispares, que conectan territorios incomunicados que necesitan de quien traduzca intereses, deseos, intenciones, actuaciones y sobretodo esperanzas. Ángeles transmisores de verdad, ángeles anclados en su materialidad constitutiva a pesar de su aparente condición alada y etérea. Ángeles tremendamente materiales que articulan, conectan, vehiculan, traducen, transmiten o ponen en disposición. Jamás sospechamos de ellas pues fuimos nosotros quienes las creamos y se suponía que debían ser meros efectos a imagen y semejanza de nuestros designios, materia inerte pasiva resultado de la idea creadora activa del buen hacedor. Ni por asomo aparecieron pensamientos que podrían llegar a ser éstas las que se atraviesen a hacernos a nosotros, los hacedores. Están ahí, y quizás hasta sean algo, pero siempre serán menos que nosotros que les otorgamos su ser con nuestra benevolencia, nos decíamos. Así las vimos siempre, y así continuamos viéndolas, a ellas, las (casi) cosas, y de entre ellas a su especie más denostada por su invisibilidad mediadora, las interfaces. No es de extrañar pues que nos cueste tanto pensarlas y en cambio apliquemos acríticamente los manuales técnicos al uso reproduciendo una y mil veces las fórmulas ensayadas de un mismo patrón autocomplaciente. Y por ello tampoco es de extrañar puedan llegar a convertirse tanto en el terreno como en la herramienta en donde convergen las fuerzas del campo de la mediación que pueden transformarse en un campo de acción y de subjetivación clave. Quizás deberíamos aventurarnos a pensar que las interfaces nos hacen tanto como las hacemos nosotros a ellas, y que por ello nos atrevamos a pensar que construyen relaciones sostenidas en el tiempo -con mayor o menor perdurabilidad- y las anclan extra-somáticamente en forma de botón, de flecha o de palanca prefigurando comportamientos y potencialidades a explorar en este baile conjunto entre hombres y máquinas que se llama interfaz. Producen mundo con su discreto encanto mientras nos permiten atisbar por el resquicio de la puerta esa vida secreta de las cosas escondida tras la opacidad de nuestra mirada desentrenada. Aprendamos pues a abrirlas de par en par y descubrirlas ahí donde estén, aprendamos a mirar qué se esconde tras sus metáforas, sus acciones, sus estándares, sus usos y usuarios, sus códigos, eventos, efectos y afectos que revolotean por detrás, delante, a un lado, al otro, dentro y alrededor más allá de la tenue superficie que todo lo eclipsa. Aprendamos a conjugar el verbo interfaz en su salsa, moviéndonos con él y observando los fluidos que le acompañan, para devenir con la interfaz, para devenir-interfaz y construirnos otros. En el tránsito aprenderemos que una teoría del interfaz es a la vez una teoría de la cultura, porque también (o precisamente) somos en y a través de ellas, porque estas no pueden estar más que inscritas en un entramado de relaciones material y discursivamente heterogéneas que producen y remodelan todo tipo de actores. ¿Pero quienes son esos actores que intervienen? ¿Somos nosotros los humanos? ¿Son ellas las interfaces? ¿Hasta donde se extiende esta red actores interviniendo? La incorporación del papel preponderante de los usuarios en los procesos de diseño de interfaces es algo relativamente nuevo, aunque de hecho el interés por los usuarios ya venía del diseño de producto e industrial, ámbitos interesados en las capacidades físicas y encarnadas de los usuarios, al igual que del diseño gráfico y la psicología de la percepción. Incluso tampoco sirven las alternativas posteriores más vinculadas al diseño centrado en usuarios y a lo que se llama como factor-humano, que implica una simplificación y esquematización de los usuarios así como de los artefactos interactivos para mejorar la funcionalidad entre hombre y máquina. Al diseño centrado en usuarios le acompaña una cierta visión esencialista de los usuarios como entidades separadas de la tecnología, justo en el epicentro del esquema básico de la interacción humana con computadoras. Una aparente separación, cuando de hecho la practica está centrada en la co-producción de complejos enredos de los dos. ¿Quienes son entonces los usuarios de las interfaces? ¿Quien usa a quien? ¿Quienes forman esa red de agentes heterogéneamente distribuida? Ciertamente los usuarios median las relaciones entre lo social y lo tecnológico en el proceso de aplicación de los principios del diseño centrado en usuario, pero también es cierto que en este proceso intervienen tanto actores humanos como no-humanos, articulándose de forma recíproca hasta tal punto que los usuarios mismos devienen ensamblajes sociales y tecnológicos (semántico-materiales) que formalizan tensos alineamientos de intereses en incesante construcción. El diseño de interfaces más que estar orientado a la consecución de una mayor funcionalidad e intercomunicabilidad entre mundos dispares, lo que hace es generar ensamblajes que reconfiguran identidades en proceso que se necesitan mútuamente para poder ser co- producidas. Hay una codependencia de usuarios e interfaces en dinámica recíproca, y no se puede aislar a unos sin las otras, más bien construyen una red de elementos interoperativos que cuando se ensamblan se convierten en auténticas cajas negras indescifrables...hasta su rotura.