¿Visualizar para ocultar? Por Laia Blasco-Soplon

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¿Visualizar para ocultar? Uno de los primeros reivindicadores del potencial del pensamiento visual fue Rudolf Arnehim, quien dijo que la percepción visual es lo que nos permite tener una verdadera comprensión de la experiencia, considerando forma y contenido inseparables (Arnehim, 1969)i. También antes del acceso masivo a Internet, Richard Saul Wurman previó que habría una explosión en la cantidad de información disponible tal que haría necesaria la intervención de profesionales dedicados a organizarla, darle sentido y presentarla de forma coherente, sistemática y comprensible (Richard Saul Wurman, 1989)ii. De alguna forma estaba anunciando la necesidad creciente que tenemos, desde hace algunos años, de dar forma a esta gran cantidad de información, de visualizarla. En 1993 George G. Robertson et al. (Robertson et al., 1993)iii definieron la visualización de información como la combinación de distintos aspectos de imágenes, gráficos, visualización científica, e interacción persona-ordenador y persona- información, así como de tecnologías de la información. Desde esta primera definición al presente, la visualización se ha ido redefinido para abarcar el trabajo de distintos campos: investigación, periodismo, ilustración, educación, arte, diseño, etc. Y ha sido vista como una herramienta para la organización, la cognición y también la expresión. La visualización de información se está convirtiendo en algo más que en un conjunto de herramientas, tecnologías y técnicas para gestionar grandes conjuntos de datos. Se está convirtiendo en un medio en sí mismo, con una amplia gama de posibilidades expresivas (Rodenbeck, 2008)iv La visualización ya está preparada para ser un mass media (Viégas y Wattenberg, 2010)v, y empieza a ser uno de los instrumentos y recursos principales para el diseño y desarrollo de interfaces gráficas de usuario. No podemos negar que, en un mundo cada día más datificado, la cuantificación, procesamiento y visualización de estos datos no tenga valor, claro está que sí lo tiene, pero eso nos debe hacer creer que la visualización de datos y más concretamente las interfaces que se sirven de ella para crear su gráfica de usuario no articulan los mismos mecanismos que lo hacen las demás interfaces de usuario. Gran parte de la cultura, pasada y presente, está filtrada por las interfaces mediante las que se comunica el hombre. La interfaz actúa como un código que transporta mensajes culturales en una gran diversidad de soportes, y como cualquier código nunca es un mecanismo neutral de transmisión de datos, sino que afecta a los mensajes, Laia Blasco-Soplon suministrando su propio modelo del mundo, su esquema lógico e ideología (Manovich, 2001)vi. La interfaces median entre humanos y máquinas, entre máquinas y máquinas y entre humanos y humanos. Por ello, las interfaces implican un intercambio entre datos y cultura. La interfaz vista desde un paradigma cultural afecta no solamente a nuestra producción creativa o presentación del mundo sino también a nuestra percepción del mismo (Andersen, 2011)vii. Las interfaces son herramientas culturales, dispositivos artificiales que, como los lenguajes o la comunicación, se sirven de metáforas. Cuando estas metáforas están bien diseñadas, se naturalizan y vuelven imperceptibles, pero en ningún caso son realmente transparentes, aunque parezcan invisibles (Scolari, 2004)viii. Tales metáforas no sólo influyen en la concepción de lo que es posible o no en nuestros ordenadores, sino que también afectan el habla, el discurso y la acción, en un contexto más amplio. Dan forma y dirigen debates públicos, discursos académicos, innovaciones tecnológicas y posiciones ideológicas del sujeto (Boomen, 2014)ix. No solamente cuentan la historia de sus propias operaciones, sino que traspasan hacia la vida social y plantean cuestiones a las que la interpretación política es la única respuesta coherente. (Galloway, 2012)x. Así, las interfaces, y por supuesto también las que usan la visualización de datos, son atravesadas y definidas por tensiones tecnológicas, económicas, ideológicas, culturales, históricas o políticas que condicionan sus modelos de representación y a su vez su percepción.  Si ya costaba desvelar los mecanismos que enmascaraban la dimensión política de cualquier interfaz, con las interfaces que usan la visualización de datos nos encontramos con dos obstáculos añadidos que todavía aumentan más la sensación de falsa transparencia de la interfaz: La aparente neutralidad de los datos “Los datos dicen, los datos revelan, están demostrando... Si hay datos es verdad!” Que una visualización se base en datos no significa que se presenten todos los datos existentes sobre aquello. Va a ser imposible presentar “todos” los datos. Los datos que se visualizan son los que en la minería se han conseguido, los que la base de datos ha recolectado, los que se han podido obtener, los que se han querido escoger, los que se han decidido mostrar, los que se han querido presentar... y a su vez los que el usuario ha podido navegar, ha sabido manejar y mirar. Pero además ¿quién dijo que todo se podía explicar con los datos? No todo es cuantificable, hay mucha realidad que se escapa de los datos y no por eso es menos realidad. Debemos superar la falacia de la neutralidad de los datos. Los datos siempre son parciales, interpretados e interpretables por eso nunca son neutros ni objetivos. La fascinación por el autorretrato “¡Halaaaa! ¡Ahí estoy yo! ¡Ese soy yo!” Debido al flujo constante de datos que producimos a diario, ya sea navegando por la web, mediante dispositivos de localización, o con las cada vez más populares aplicaciones sobre self-tracking (running, rutas compartidas, alimentación, etc.), los data portraits (Donath, 2010)xi se han convertido en un tema de estudio e interpretación fuera del ámbito artístico y académico, y podemos encontrar muchos ejemplos en múltiples blogs y webs. Uno de los primeros ejemplos de esta tendencia creciente del quantified self (O'Connor, 2013)xii es el trabajo del diseñador Nicholas Feltonxiii, quien desde 2005 recoge, analiza y visualiza la actividad de su día a día en su Personal Annual Report, realizando data portraits de sí mismo que publica anualmente. También es el fundador de Daytum, una web dedicada al self-tracking. La datificación masiva ha hecho aflorar aplicaciones de todo tipo basadas en la representación de los datos de uno mismo, y ¿a quién no le gusta mirarse al espejo si lo refleja guapo? Es fascinante verse entre los datos “¡Cuánta gente representada!”. Así, las visualizaciones se cubren de una áurea mística de verdad celestial: “¡Y ahí podría estar yo! ¡Ese soy yo!” Debemos superar la mirada fascinada hacia el autorretrato y sustituirla por una mirada crítica que cuestione: ¿qué datos muestran? ¿qué datos no muestran? ¿a quien sirven los datos? ¿dónde se guardan los datos? ¿quien maneja los datos? ¿de quién son mis datos? A diario manipulamos interfaces que se nos presentan aparentemente neutras y transparentes pero que están repletas de ocultas tensiones políticas. Tal y como nosotros las moldeamos a ellas, sus éticas y sus estéticas nos moldean a nosotros, constituyéndose como constructoras de realidades con agencia y diligencia. Las interfaces basadas en la visualización, contribuyen todavía más a esa sensación de falsa transparencia que invisibiliza todavía más los mecanismos políticos que las articulan Como diseñadores ¿queremos visualizar para ocultar? O queremos diseñar interfaces y visualizaciones desde una posición ética que explicite su dimensión cultural, ideológica y política ¿Podemos hacer visible lo realmente invisible? Referencias i Arheim, Rudolf. «Visual Thinking». Berkeley: University of California Press. 1st edition. 2004 ii Wurman, Richard Saul. «Information Anxiety». New York: Doubleday. 1st edition. 1989. iii Robertson, George G., Stuart K. Card, y Jack D. Mackinlay. «Information Visualization Using 3D Interactive Animation». Commun. ACM 36, n.o 4 (april 1993): 57-71. iv E. Rodenbeck. «Information visualization is a medium: ETech 2008 - O’Reilly conferences» San Diego, CA. 2008 v Viégas, Fernanda B. and Martin Wattenberg, an interview for infosthetics.com (May 2010): http://infosthetics.com/archives/2010/05/interview_fernanda_viegas_and_martin_wattenberg_fro m_flowing_media.html vi Manovich, Lev. «The Language of New Media». MIT Press, 2001. viiAndersen, Christian Ulrik, y Soren Bro Pold. «Interface Criticism: Aesthetics Beyond the Buttons». Aarhus Denmark: Aarhus Univ Pr, 2011. viii Scolari, Carlos. «Hacer Clic» Editorial Gedisa. 2004 ix Boomen, M. V. T. van den. «Transcoding the Digital  : How Metaphors Matter in New Media». Theory on Demand 14 (12 de febrero de 2014). x Galloway, Alexander R. «The Interface Effect». New. Cambridge, UK; Malden, MA: Polity Pr, 2012. xi xii xiii Felton, Nicholas (2014). “Feltron”, http://feltron.com/ Judith Donath, Alex Dragulescu, Aaron Zinman, Fernanda Viégas, and Rebecca Xiong. 2010. Data portraits. In ACM SIGGRAPH 2010 Art Gallery (SIGGRAPH '10). ACM, New York, NY, USA, 375- 383. DOI=10.1145/1836786.1836793 http://doi.acm.org/10.1145/1836786.1836793 O'Connor, M. (2013). “Heartbreak and the Quantified Selfie”. The Cut. URL http://nymag.com/thecut/2013/12/heartbreak-and-the-quantified-selfie.html.